Por qué vendo mis libros
Vendo estos libros, sencillamente, porque en casa ya no caben.
Somos cinco y el espacio es el que es. Los estantes llevan años ganando filas de fondo, los montones se han convertido en columnas y hay cajas que no he vuelto a abrir desde la última mudanza. Mientras tanto, los libros que ves aquí crían polvo. No lo digo como metáfora: es exactamente lo que llevan haciendo demasiado tiempo.
Y la verdad, por incómoda que sea, es que hace mucho que no los abro. Algunos los leí una vez y me dejaron algo que todavía me dura. Otros los compré con toda la intención del mundo y nunca encontré el momento. Ninguno de los dos casos justifica tenerlos ahí quietos, callados, haciendo de aislante térmico contra una pared.
Así que prefiero pensar que les espera una vida mejor. O varias, que para eso un libro tiene tantas vidas como lectores lo abran, y estos llevan demasiado tiempo conformándose con una sola, y bastante aburrida por cierto. Me gusta imaginarlos subrayados por otra mano, olvidados en una toalla de playa, prestados y nunca devueltos, discutidos en voz alta por alguien que no esté de acuerdo con el final.
Cada ficha cuenta el estado real del ejemplar, con sus manchas, sus dobleces y sus subrayados, para que sepas exactamente qué te llevas. El envío está incluido en el precio: lo que pone la ficha es lo que pagas, sin sorpresas al final. Si alguno te interesa, escríbeme.
Y si un libro te gusta pero ahora mismo no te lo puedes permitir, hazlo constar en el correo. ¡La magia también sucede!
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